Excursión al lago Towada y el río Oirase

martes, 17 de marzo de 2020

Madrugamos en el hotel de Hachinohe y cargamos una mochila con lo necesario para pasar la noche fuera. Nuestras maletas quedaron en la habitación, pues los alojamientos en la zona son tan baratos que nos salía más a cuenta pagar dos hoteles que enviarlas. 

Tras una parada en JR hasta la estación de Hachinohe (nosotros estábamos en Hon-Hachinohe) cogimos un autobús JR (cuyo trayecto cubre al 100% el Japan Rail Pass) hasta las orillas del rio Oriase, cerca del lago Towada. La zona es famosa por sus bellos paisajes otoñales y, puesto que estábamos en octubre, no íbamos a dejar pasar la oportunidad de disfrutarlo. Iniciamos la caminata en  Ishigedo, donde había un área de descanso con información y WCs. Ya desde el autobús el paisaje era impresionante, como meterse en un cuadro de tonos amarillos, naranjas y rojos. Con los autobuses se puede llegar al lago Towada, pero nosotros preferimos hacer el recorrido a pie (unos 14km, la idea era hacerlo en unas 4 horas). 

Desde el autobús, cuando hicimos una breve parada frente al Museo de Arte Moderno de Towada
Paisaje de ensueño

Aunque había bastantes turistas, el 99% asiáticos, fue un recorrido muy agradable de hacer. Eso sí, íbamos mucho más lento de lo que habíamos calculado porque parábamos a hacer fotos cada dos por tres. El paisaje era tan bonito que todo parecía una postal...

Amir en conexión con la naturaleza
Encontramos a varios artistas plasmando los paisajes en sus lienzos
Esto, aunque lo parezca, no es un cuadro. Es una foto. 
Flipándolo todo

A Amir esta foto tan molona le costó ir el resto del día con un pie mojado XD

En la primera zona, el río Oirase era más bien estrecho, y el caudal fluía con mucha fuerza, con rápidos y pequeñas cascadas. Más adelante en el recorrido, había zonas donde el río era mucho más ancho y calmado. El paisaje cambiaba sin parar y no podía ser más bonito. Aún hoy, cuando veo las fotos y los videos, pienso que es el lugar más bonito donde he estado nunca. Quizás es que soy muy fan de los bosques otoñales...




Algún arce japonés por ahí perdido...

Descansando un ratico
El otoño nos sienta bien
Arubi y Amiru con el guapo subido


Vamos que ya queda poco!!!
Una de las cascadas más bonitas del recorrido


Algunos tramos eran junto al río y otros paralelos a la carretera...
Otra cascada, esta vez más vertical
Un paisaje de pura paz...

La caminata se nos hizo más larga de lo que pensábamos, pero como ya he dicho seguramente el motivo fue pararnos demasiado a hacer fotos. Además, para ser Japón, apenas encontramos zonas de descanso o cuartos de baño por el camino. Lo cual, por mi experiencia en el país, me resultó algo chocante. Quizás estamos acostumbrados a zonas más masificadas del centro del país y esto es el salvaje norte, que bien merece el sacrificar algunas comodidades.

Una vez llegamos a Nenokuchi, tocaba coger un ferry hasta Yasumiya, atravesando el lago Towada. El paisaje desde el barco nos resultó tan espectacular o más que el del río Oirase. Quizás fue que fuimos en el mejor momento del otoño, pero la verdad es que la mezcla de colores en los árboles era una autentica pasada.



Amir embelesao...
A donde vamooooos, ayayay






Malcomiendo pockys y pepinos (aquel día malcomimos porque no paramos jejeje)
Puesta de sol, ya desde Yasumiya
Al llegar se puso a llover un poco, así que nos refugiamos en la oficina de Turismo, donde un amable robot nos explicó algunas cosas que no entendimos sobre el lago Towada. 

Parecía majo...
Esto es droga para una autumn freak como yo...
Pero lo mejor del día estaba por llegar. Aquella noche dormíamos en Towadako Backpackers, un albergue modesto donde por 50 lerus habíamos reservado 3 literas en habitación compartida. Una forma de alojamiento que aún no había experimentado en Japón y que me daría mucha grima en cualquier otro país del mundo.

El dueño del albergue era encantador. El "omotenashi", o hospitalidad japonesa, en seguida consiguió que nos sintiésemos cómodos. El dueño se esforzaba al máximo para que nos sintiésemos como en nuestra casa, explicándonos las normas de convivencia y enseñándonos las instalaciones. Eso es una de las cosas que más me gustan de Japón. que te tratan igual de bien en un onsen de 200 euros la noche que en un modesto albergue por el que no has pagado ni 20 euros. Obviamente, las comodidades del sitio eran las justas... el baño daba miedo y hacía un frío del copón...y nuestro "compañero" de litera era un tipo alemán muy resfriado que olía a no haberse duchado en semanas. 

A pesar de todo, nos reímos un montón y descansamos razonablemente bien, quizás por lo agotados que estábamos. Así que no podemos tener ninguna queja. 

¿Que nos deparará la noche?
Por un módico precio, tenías cena en el albergue
Itadakimaaaasu


Geibikei, Hiraizumi y Hachinohe. Nuestra aventura por Tohoku continúa.

viernes, 27 de diciembre de 2019


Si ya de por si Tohoku resulta algo desconocido para el público occidental, la prefectura de Iwate es aún más desconocida. Sin embargo, en este viaje habíamos decidido salir de nuestra zona de confort gaigin (dícece de las prefecturas donde hay turista occidental y te hablan en inglés) y adentrarnos en el Japón más profundo. Nuestro destino final del día era Hachinohe, una pequeñísima y desconocida ciudad de la prefectura de Aomori. Allí habíamos enviado previamente nuestras maletas desde nuestra casilla de salida, Sendai. Por el camino, mil aventuras. Empezamos.

Nuestra primera parada fue en Ichinoseki, donde hicimos transbordo a un tren local hasta llegar a Geibikei. Geibikei es un pueblo enano (es que no es ni pueblo, son dos calles puestas al lado de la estación) que vive fundamentalmente de una sola atracción turística: La Garganta de Geibikei. La erosión del río Satetsu ha formado unos acantilados impresionantes, y se pueden visitar disfrutando de un agradable paseo en barca.  Y no son unas barcas cualquiera, se trata de embarcaciones tradicionales con gran capacidad (en el nuestro íbamos más de 20 personas) conducidas por unos barqueros expertos a la antigua usanza. Además, el barquero te va explicando todo lo que ves, y te ameniza al trayecto con canciones tradicionales de la región. A pesar de no enterarnos de nada (era todo en japonés, of course) lo disfrutamos mucho y es una experiencia que transmite mucha paz, al estar tan en contacto con la naturaleza...el agua, las carpas, los patos.. Sin duda fue una gran elección.

Eramos literalmente los únicos occidentales por allí. Todo nuestro barco eran Taiwaneses. Y desde el principio eso llamó la atención de nuestro barquero, que no paraba de sonreírnos y de preguntarnos de donde éramos. Incluso al final de la excursión se quiso sacar una foto con nosotros. 

aquí dispuestos a darlo todo!
Ojito que llevamos comida pa las carpas y to!
Yo flipando x 1000
Me encantó este mini-altar en medio de la nada...
Geibikei mola
La altura del acantilado alcanza los 50 metros 
Con nuestra Aruba
Nuestro barquero, ese crack
patito 1
patito 2 

A mitad del recorrido te dejan bajar del barco en una zona de descanso, donde puedes ir al baño, o comprar algún amuleto o recuerdo. Lo más tradicional allí es comprar una especie de piedrecitas con inscripciones e intentar colarlas en una abertura que hay en la roca, al otro lado del río. Ni que decir tiene, es bastante chungo acertar. Y si lo haces te ganarás la ovación y los "sugois" del resto de gente. Nosotros compramos unas cuantas, unas para probar suerte y otras para traerlas de souvenir. 

De risas durante la pausa
Carpitas
Aruba haciendo la carpa XD
National Geographic 
¿Que hacen estos 3 gaigins aquí?
Foto para el recuerdo

La verdad es que el hecho de ser los únicos occidentales allí hizo que la experiencia fuese totalmente diferente a cuando visitas Kyoto, Nara o los lugares más conocidos por el turismo occidental. La forma en que te tratan los locales es muy distinta. Incluso nos dejaron hacer una "foto de la foto" de nuestra barca para tenerla de recuerdo sin pagar nada.  Creo que les hacíamos mucha gracia.
Nuestro barco de Taiwaneses
Pos aquí estamos
Little Japan
A alguien le pareció buena idea fotografiar 2 arañas deborando un bicho random
Antes de continuar nuestro viaje dimos un paseito por las tiendas tradicionales que había cerca. Había cosas muy interesantes, como papel hecho a mano a precios ridículos. 

Aruba dándole a la comida regional
Concretamente a estos sencillos pero deliciosos dangos dulces
Al volver a coger de nuevo el tren, el vigilante de la estación le preguntó a Amir si no tenía frío (iba en manga corta) y al decirle que éramos de España nos dijo "Hola Señorita". Era muy, muy simpático. Son esos pequeños detalles que hacen que te sientas acogido tan lejos de casa.
La estación de Geibikei estaba decorada con motivos de Pokemon. En general en toda la prefectura encontramos un montón de Pikachus y cosas así. Esto es así porque allí tiene su origen un tren temático de Pokemon, que se llama "Pokemon with you".

Vallas Pokemon
Valla Pikachu
 Nuestro siguiente destino era Hiraizumi. En la antigüedad, esta pequeña localidad rivalizó en esplendor con la mismísima Kyoto,  aunque por desgracia mucho de su patrimonio se ha perdido a lo largo del tiempo. Aún así conserva bastantes templos, entre los que destaca un pabellón todo de oro, único en el mundo y Patrimonio de la Humanidad.
Lo sé. Era al revés. Nuestro sentido del humor es así...
Amir muy feliz de que todo estuviese lleno de Pikachus
Arubi modo barquera
Nada más llegar lo primero que hicimos fue buscar un sitio donde comer. No había mucho donde elegir porque se nos había hecho tarde, así que optamos por un sencillo local especializado en fideos soba. En la prefectura de Iwate el soba es la comida más popular. De hecho hasta su mascota es un cuenco de soba. En muchos restaurantes sirven el reto del wanco-soba, en el que tienes que comer cuenco tras cuenco sin parar a ver cuantos logras comer. A Amir le hacía mucha ilusión probar suerte pero al final se nos hizo tarde y nos fue imposible encontrar un restaurante abierto donde hacerlo. Quedará pendiente para nuestra próxima vez en Tohoku, ya que me he enamorado totalmente de la región. Y querré volver, seguro. Además en Hiraizumi no nos dio tiempo a verlo todo bien, ya que íbamos con el tiempo un poco justo. Además aún los arces estaban verdes y aunque estaba bonito, con el momiji a pleno esplendor debe ser un sitio espectacular. 

Lo que sí nos encantó fue la tranquilidad que allí se respiraba. Apenas 4 turistas más, la mayoría locales, nos hicieron compañía en nuestro paseo por la zona de los templos. No guardo ni un sólo mal recuerdo de Hiraizumi y eso que no había nada espectacular. Lo más llamativo era el templo dorado pero ni entramos, porque era muy caro y no se podían hacer fotos... Si buscáis en Google el templo Chuson-ji podréis ver como es....

Lo cierto es que fue una tarde de paseo y de risas. Sobretodo de muchas risas. 

Nuestra comida, sencilla pero deliciosa

Detalles de Hiraizumi 
Hiraizumi chill out...





El único momiji que pudimos ver :( 

Pos aquí estem...
Cuando las raíces se vienen arriba 
La simetria de los templos japoneses me da mucho gustico
Mascota de la prefectura de Iwate. Sí. Es un bol de soba. 
Soy una abraza-árboles
Pues eso... 
No sé que llevaban los soba...

Literalmente...no tenerse en pie de la risa 
Algo de momiji de consolación 
Era el festival de los crisantemos...la flor más aburrida del mundo...
Deseítos 

El templo dorado...por fuera. 
En la estación compramos algunos souvenirs de recuerdo, y nos montamos en el Shinkansen de Tohoku rumbo a nuestro destino final. Hachinohe. ¡Hachinohe! Que decir de Hachinohe... es una ciudad que quedará en nuestros corazones siempre...y eso que nuestra primera impresión de ella no fue precisamente...buena...XD
Amir con su fiel amigo 
Intentando hacernos una foto digna con un shinkansen
De Tohoku me gusta hasta el logo
Antes de nada, explicaros porqué acabamos allí. No es que Hachinohe sea turístico ni mucho menos...es un pueblo costero famoso por su mercado de pescado matutino y por sus baretos nocturnos. Sufrió el efecto del tsunami de 2011pero está casi recuperado. Y en general no tiene nada de especial... Pero de allí salen autobuses para visitar el lago Towada, nuestra excursión del día siguiente...Y desde allí se tarda un poco menos que desde la capital, Aomori. Además, el hotel al lado de la estación nos salió insultantemente barato. Un hotelito sin pretensiones, sí, pero que nos fue muy práctico como base de operaciones y sitio para dejar las maletas al día siguiente.

Lo único malo es que nos alojamos cerca de la estación de Hon-Hachinohe, que no estaba nada céntrica. Nos venía muy bien para tomar el bus al día siguiente pero nada bien para buscar un sitio donde cenar... Todo lo que podíamos ver a nuestro alrededor era un polígono industrial oscuro y con todo cerrado. Sólo había abierto una especie de supermercado... y allí nos dirigimos en busca de algo para desayunar al día siguiente.

En el parking del super en cuestión, al salir de vuelta al hotel, una señora nos abordó. En un primer lugar parecía que quería practicar inglés (aunque no sabía nada de inglés si no usaba el google translator del mobil...) después pensamos que era una gaijin-hunter y le habíamos hecho gracia... ¡Pocos occidentales se deben dejar ver por Hachinohe! Pero la cuestión es que la señora se empezó a poner un poquito pesada, y muy insistente en que nos fuésemos con ella a cenar a no se donde en su coche... Nos dio bastante mal rollo, ya que aunque Japón es super-seguro, estábamos en una zona nada turística, desconocida, de noche, sin un alma alrededor...y la idea de meternos en el coche de una desconocida no nos atraía demasiado. La señora al final, al ver que nos queríamos marchar, nos dio unos folletos en japonés para que los leyésemos... Investigando un poco pudimos comprobar que se trataba de un miembro de una secta budista que tiene muchos adeptos en Europa y Estados Unidos, pero que en Japón no tiene demasiada buena prensa pues tiene relación con los partidos de extrema derecha. La verdad es que aunque fue un momento algo tenso hasta que pudimos deshacernos de la señora...lo que nos reímos después no está escrito. Y quedará sin duda grabado como una de las mejores anécdotas de este viaje.

Ya más tranquilos, encontramos el centro de la ciudad, que tenía al menos bastante más luz y vida que el polígono chungo donde nos alojábamos. Y allí cenamos en un sitio de tickets, más que nada porque el incidente de la señora-budista nos acababa de drenar la poca energía que nos quedaba.

¡Día intenso donde los haya!

Comida para reponer fuerzas


Después de cenar queríamos tomar algo en los famosos "bares" de la zona, pero entre que Google Maps nos hizo dar mil vueltas y que casi todo estaba chapao y nosotros agotaos...acabamos volviendo al hotel cantando "Camela" para espantar el miedo a que viniese una señora budista a secuestrarnos.

PD: En realidad la señora japonesa no daba miedo...era enana como Marie Kondo. Aunque en cierto modo....Marie Kondo también da un poco de miedo....

Google maps (el "amigui") me trolea...